El berrinche que no era por el juguete

Fue en un negocio cualquiera, un sábado cualquiera. Vio un juguete, lo pidió, le dije que no, y se tiró al piso gritando como si el mundo se hubiera terminado.

Lo raro es que ese juguete ni siquiera le gustaba tanto. Lo habíamos visto antes, en otro lugar, y ni se había parado a mirarlo.

Lo que hice al principio

Mi primera reacción fue tratar de razonar. Le expliqué que no lo necesitaba, que tenía juguetes parecidos en casa, que no era el momento. Ninguna explicación sirvió. Cuanto más hablaba, peor se ponía.

Terminé sacándolo del negocio en upa, los dos enojados, pensando que algo había hecho mal.

Lo que entendí esa misma tarde

Ya en casa, con los dos más tranquilos, me puse a pensar en el día completo, no solo en el momento del negocio. Se había levantado tarde. Se había saltado la siesta por un mandado que hicimos a último momento. Había pasado la tarde entera de acá para allá, entre recados míos, sin mucho espacio para él.

El juguete no era la causa. Era la gota que rebalsó un vaso que se había ido llenando desde la mañana.

Lo que aprendí a mirar distinto

Desde ese día, cuando aparece una rabieta grande por algo que parece chico, trato de no quedarme en la superficie. En vez de preguntarme "por qué se puso así por esto", empecé a preguntarme "qué pasó antes de esto".

Casi siempre hay una respuesta ahí: cansancio acumulado, un cambio de planes, mucho tiempo sin moverse, demasiados estímulos juntos. El juguete, el helado, la tele — son el disparador, no la causa.

Lo que cambió cuando dejé de pelear por el síntoma

Antes, cuando aparecía un berrinche mi energía iba directo a resolver el pedido puntual: negociar, explicar, distraer. Ahora, esa energía va primero a otro lado: ¿durmió bien? ¿comió? ¿tuvo un rato de estar tranquilo en algún momento del día?

No todas los berrinches se evitan mirando esto. Pero muchas sí bajan de intensidad, o directamente no llegan a pasar, cuando el día tiene un poco más de ese balance.

Lo que no cambió

Sigue habiendo rabietas. Sigue habiendo días difíciles, pedidos imposibles, momentos en los que no hay explicación que alcance. Eso no desapareció, y no creo que tenga que desaparecer.

Lo que cambió es que dejé de buscar la solución en el objeto del momento, y empecé a mirar un poco más atrás.

💛 Si te está pasando algo parecido

 

Si tu hijo tiene un berrinche grande por algo que parece chico, antes de pensar que se trata de un capricho, puede ayudar mirar el día completo. A veces el pedido imposible tiene menos que ver con el juguete, y más con todo lo que pasó antes de llegar a esa esquina